La Pradera Sin Ley

La Pradera Sin Ley, también conocida como la pradera sin madre evoca una época de grandes descubrimientos que serán redesvelados a través de este blog. Todo lo que aquí se describirá tuvo existencia real (aunque fuera por momentos).

2.6.06

El asombroso mundo de Pocholo y Borjamari (2004)

Medio de coña, medio curioso por ver lo cutre que puede llegar a ser una peli se me ocurrió ver el asombroso mundo de Pocholo y Borjamari el otro día. La película comienza con la fiesta de fin de curso en el Aguacates (nuestra gente, nuestras niñas, nuestras copas), Pocholo y Borjamari comienzan la vida de universitarios y no saben si estudiarán en el ICADE o en el CEU. Tienen una vespa que les da el aspecto de súper canallas y son los famosos del instituto (con sus náuticos blancos).



Veinte años después los hermanos continúan en la universidad, el primo Quitín no les deja los apuntes para uno de sus exámenes. Dicen que van a trabajar en las bodegas O’Shea. Su otro primo Pelayo ha alcanzado la fama gracias al snowboard y les comenta en secreto que Mecano van a volver a tocar juntos en un concierto único.

Y pensaréis, ahora es cuando va a empezar a decir que la peli es una puta mierda… Pues no, es de lo mejorcito que he visto en mucho tiempo. Os explico los porqués más abajo.
La película coge los paradigmas acerca del mundo y de las cosas y los hace temblar.



Por ejemplo, eres un pijo, pero un pijo de los de antes, de los de Lacoste y náuticos sin calcetines con el jerselito encima de los hombros. Pues te jodes y lo sigues siendo. Que eres un heavy pues lo eres y te aceptas a ti mismo. No vale eso de ahora voy y digievoluciono en techno, en satánico o en su puta madre. Es el primer tema, la asunción de etiquetas y la lucha de clases. Pocholo y Borjamari no tienen que esperar fila para entrar en el Aguacates porque le han sido fieles, el problema es que el Aguacates no le ha sido fiel a ellos. Asumen las etiquetas que los han puesto, son guays y molan, aunque se roce el esperpento en algunas situaciones (y es que la película tiene mucho del señor Valle-Inclán).

A Pocholo y a Borjamari les gusta Mecano, es su grupo y tienen el deseo latente de que vuelvan a tocar (el número del clip Aire acaba haciéndose un poco largo) y empiezan un viaje iniciático a través de la carretera dirección a la Warner (quizá porque sea el sitio en el que los niños cumplen sus sueños). Un estilo al viaje de Frodo, e incluso al de Ulises. Un viaje en el que aprenderán las cosas más importantes de sus vidas: descubren el amor en la amiga pija como ellos de Pelayo, aprenden a beber en botijo (por aquello de la “común unión” necesaria entre lo rural y lo urbano tan antitéticos en apariencia), escuchan su primera historia de mal de amores (hasta ahora habían coqueteado con las niñas entre copa y copa), Pelayo tienen la necesidad de cagar por primera vez fuera de casa (primera experiencia iniciática de niño pequeño que había pospuesto y lo mantenía en una fase anal psicoanalítica). Y finalmente, a través de las drogas consiguen la liberación de sus vidas en un estallido de felicidad que les comunica con otra realidad, su realidad necesaria (aquí hay mucho Huxley). El viaje iniciático acaba bien, Paloma seguía siendo infeliz tratando de acomodarse en un mundo que no le pertenecía. Su realidad está desde el principio junto a Pocholo y Borjamari. La folie a “deux” pasa a ser a “trois” y en el que suscribe a “quatre”. De hecho la Praderita es un ejemplo viviente de esta esquizofrenia, de este yo me paro (un ratito) y que el mundo siga por donde le salga de los huevos.



Sólo decir, que la felicidad se empeña en perseguir a las personas como Pocholo y Borjamari durante toda su vida. Quizá sea el intento español de dos tontos muy tontos pero con un transfondo filosófico que te cortará las venas si no quieres verla como una broma pesada. Por cierto, que a Santiago Segura le queda grande el papel de Borjamari, Pocholo se le come. Le pasa como en Torrente 2 con Gabino Diego.

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